PARADOJA...
Triángulo Isósceles (el que tiene dos lados iguales y uno desigual).
Cuando Inés conoció a Juan estaba en pleno naufragio sentimental. Su relación con Carlos agonizaba. Vacía, humillada, cansada y dolida, juraba y perjuraba que jamás volvería a enamorarse de un hombre casado. Sin embargo tropezó con la misma piedra y rodó tras ella, pendiente abajo, hacia los brazos de Juan.
Se enamoró locamente y compró un billete de vuelta al infierno de las promesas, los sacrificios y la fiebre del triángulo.
A pesar de todo Carlos no salió de su vida y un día reapareció con insistencia. Al principio Inés no quiso hacerle caso, se sentía profundamente comprometida con Juan, pero Carlos no se resignaba a quedar relegado al pretérito amoroso de Inés.
Tras meses de llamadas, mensajes, reproches y súplicas, Inés decidió que de la misma manera que ella había sido generosa y comprensiva, y había sabido compartir tanto a Carlos como a Juan con sus respectivas esposas, ellos también podrían compartirla a ella; de esta manera no tendría que renunciar al cariño de aquellos dos hombres. Sería el perfecto triángulo Isósceles.
El día que les comunicó su decisión, ninguno de los dos volvió a llamarla.

sinsangre dijo
Y es que hay cosas que a pesar de la supuesta evolución del ser humano no cambian. La necesidad de poseer del hombre nos lleva a asimiliar que nuestro egoismo no puede ser compartido con nadie más, y no sabemos ver lo patética que resulta la idea de que nos hagan lo mismo que hacemos nosotros.
Inteligente tu historia. Hay que mirarnos más el ombligo.
7 Agosto 2005 | 01:58 PM