Recordando a Homero
Cuando Ulises regresó a Itaca...
Besó a Penélope y notó que sus labios sabían a café cargado.
Ella susurró " He esperado mucho y dormido poco. Esto me pasa por poner mi amor en un parrandero".Aunque acostumbrado ya a la dulzura del vino de Marón, Ulises apuró silenciosamente el trago de aquel paladar insomne, sin molestarse en explicar que la guerra de Troya y sus años de Odisea habían sido algo más que una parranda.
Cuando Ulises regresó a Itaca, era más un esqueleto cubierto de hombre, que un hombre cubierto de gloria. Pero que bello esqueleto.
Vestido de harapos, curtida la piel al salitre y al sol, no enetendía como aquella mujer sin edad había decidido esperarle, aún sabiendo que podía haber elegido un sucesor en el trono y en lecho: "...y así que notes que a nuestro hijo le asoma la barba, cásate con quien quieras..."
Los ojos de Penélope. Amarras en la tormenta más negra. Garfios invisibles en la frente terrible de Polifemo. Los bellos ojos de aquella mujer dorada y tenaz, tejiendo y destejiendo amaneceres. Uno mirando a la tierra, otro siempre fijo en el mar. Dos miradas y solo una. Penélope, como una ciclópe salvadora, entonando cantos de sirena, alzando la copa del encantado brebaje, ahogando la soledad y el miedo, harta de los pretendientes, vagando por las colinas de Itaca.
Las caricias que emergieron durante el encuentro, hicieron de aquel, el más ansiado de los retornos.
Ulises recuperando poco a poco el reino del tacto, zozobrando en un mar de besos, descendiendo a las profundidades sin encomendarse a nadie.
"Dame un respiro, Odiseo!", le dijo Atenea y se dio media vuelta, abandonándole por fin a su suerte.
Ulises navegando afanosamente en los brazos de su esposa, lejos ya de la protección divina.
Penélope, reina de las magas, embrujando al hombre a golpes de cadera. Urdiendo con dedos ágiles las canas de la barba del viejo marino. Acunándolo y seduciéndolo hasta dejarlo dormido sobre un lecho de algas y complicidades postergadas.
Al final, Ulises olvidando tempestades y traiciones. La sangre derramada y las desobediencias de sus marineros; recobrando la vida, ciñendo de nuevo la corona, honrando a su padre, abrazando a su hijo...
Desnudos los pies. Perdida la mirada. Cumpliendo su destino. Dormidos el arco y las flechas sobre su pétreo regazo.
Dicen que Ulises se hizo de nuevo al mar, a fundar ciudades entre los tirrenos. Y que engendró otros hijos de otras reinas.
De Penélope, nunca más se supo.
MayaBee.

yeyo dijo
Simplemente, tremendo...
3 Agosto 2005 | 01:44 AM