A golpe de zoom. Cine y vida.
Habemus moda. Las camaras que desde la red te muestran cualquier ciudad. Sus barrios, manzanas, calles, azoteas y patios. El tráfico, las autopistas, desvíos, cruces y rotondas.
A golpe de zoom, también podemos ver el planeta desde alguna capa de la esfera, cuyo nombre no me sé, en la cual hay instalada una cámara. Vemos el mundo mitad en sombra mitad a oscuras...como siempre divididos. Yo no consigo emocionarme ni encontrarle el sentido a ninguno de los dos, aunque en especial la cámara que intenta seguir tus pasos y enseñarlos en la red, por muy poca resolución que tenga la imagen, me produce un morbo que aún no sé definir. Más que nada es una especie de dejávu cinematográfico.
Y es que el cine ya había inventado camaras espías, satélites silenciosos, grandes hermanos, mundos felices, correos electrónicos y cazadores de androides. Ahora en mi oficina me piden insistentemente que observe y me maraville ante la precisión de una cámara que ya me había enseñado Harrison Ford varias veces.
Me asusta el progreso en su sentido más filosófico, pero ese morbo de la cámara y el satélite me dice que las profecías Georges Méliès y la ciencia ficción al final es de carton piedra cómo las pirádimes, la muralla china y todos los lugares que han existido en este planeta y que ya nadie los verá nunca, bombardeados, quemados, arrasados por el hombre o la propia naturaleza.
Cuando el hombre llegó a la luna, un pastor miraba al cielo y no se lo creía.
Yo no tengo recuerdos y me gusta replicar.
Mayabee
25 julio 2005
05:25
