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La Coctelera

A la deriva

disidencia y contradicción

Categoría: imagenes y palabras

25 Enero 2006

LA MATE PORKE ERA MÍA...

La maté porke era mía.
por Mayabee

En ke momento el amor se transforma en odio ciego y suicida? Dónde se cuece tanta violencia y negrura?
En ke entraña se aloja el núcleo del núcleo de la célula madre del rencor y la rabia? Ke chispa enciende el fuego ke hace ke un hombre desee aplastar a su compañera como si fuera un insecto?

Nos desayunamos con historias teñidas de sangre y venganza. Nos acostumbramos –impotentes- a aceptar ke una mujer en algún momento fue una posesión privada cuyo dueño, cegado por los celos y el miedo al abandono, se atribuyó el poder de poner fin a su vida.
Después de la tortura diaria, los gritos, las palizas y las violaciones, no viene la ansiada libertad. Después de tanto sufrimiento y humillación… si acaso se atreve a plantar cara, viene la muerte.
Y en ocasiones con testigos de excepción: los hijos.

Y yo me pregunto: En ke lugar crece la fatal semilla?
Porque esto ya no es anecdótico. No es un caso aislado. No tiene credo, ni color. No es de akí, ni de allá. Es de cualkier lugar.
Sin duda hay un gen latente en el mapa del sexo masculino, ke si se despierta, es capaz de fagocitar cualquier atisbo de cordura ke pudiera ayudar a encajar la derrota y el desamor…

Y cada semana una nueva muerte. Y cada mes una nueva estadística.Y yo me fijo en los hombres, en los ke me rodean.
Niños, jóvenes, maduros, ancianos… y no me puedo creer ke en ellos pueda habitar –por defecto- la crueldad necesaria para matar a una mujer en presencia de sus hijos.
Pero mañana o pasado, pronto muy pronto, sucederá de nuevo.
Y yo me pregunto:
¿En ke momento? ¿En ke lugar? ¿Ke grado de dependencia emocional arrastra al hombre a la desesperación y lo convierte en el niño rabioso ke rompe enfadado su juguete?

En ke oscura parte del cerebro o del alma masculina se produce la aterradora transformación a través de la cual, el hombre deja de ser esposo, compañero o novio y se convierte en el juez y el verdugo de una mujer, que como si fuera un objeto... jamás le perteneció.

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5 Diciembre 2005

De regreso.

He estado perdida...3 meses.

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14 Agosto 2005

Desde las calles de Lisboa

Hoy me he tropezado con tu fotografía.
Después de tantos años.
Me he tropezado con tu rostro de poeta aplicado y dispuesto, con el joven de mirada ausente, de labios tristes que esperan los besos del verano. Amores clandestinos, hogueras de San Juan.

Hoy me he tropezado con tu recuerdo y casi me mata.
Pero esta vez, la gaviota vagabunda que siempre fui, se ha dejado llevar por las mareas del pasado, para recordar al hombre que fue este muchachito serio de la foto de carné.
Y he vuelto a pisar en sueños las estrechas callejuelas que nos llevaron a aquel rincón de las caricias.
Tus manos multiplicadas por mil.

El viejo colchón navegando bajo mi cuerpo, y mi cuerpo de escamas y humedades navegando bajo el tuyo.
Y mi boca en el cielo de tu boca de miel y salitre. Y el vino, que era verde (y no como el de Asunción, que ni es blanco ni es tinto ni tiene color...)
Y todo el amor que llegó a dibujarse a pesar del cansancio y de la certeza del adiós.

Naufragué. Naufragamos.
Naufragó la luna en la tristeza de un fado.
Y en la playa de mi espalda reposaste fatigado.
Y la yema de tu dedo guarecida en mi ombligo. Y mi melena enredada en tu rostro. Y tus besos, como musgo en mis pechos.
Y ¿qué podías hacer?. Me diste el aliento que convierte a una simple mujer en una diosa de fuego.
El segundo eterno.
El drama del abandono total.
¿Acaso lo dudas?...

Te dejé dormido. Caracolas arrullándote los sueños.
La lluvia borró mis huellas transparentes sobre el empedrado de la triste Lisboa, adivinando en su letanía, mas besos marchitos en zaguanes y callejones.
Pero hoy me he tropezado con tu fotografía y la vieja gaviota cansada de huir, ha vuelto a temblar en tus brazos.

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7 Agosto 2005

PARADOJA...

Triángulo Isósceles (el que tiene dos lados iguales y uno desigual).

Cuando Inés conoció a Juan estaba en pleno naufragio sentimental. Su relación con Carlos agonizaba. Vacía, humillada, cansada y dolida, juraba y perjuraba que jamás volvería a enamorarse de un hombre casado. Sin embargo tropezó con la misma piedra y rodó tras ella, pendiente abajo, hacia los brazos de Juan.
Se enamoró locamente y compró un billete de vuelta al infierno de las promesas, los sacrificios y la fiebre del triángulo.

A pesar de todo Carlos no salió de su vida y un día reapareció con insistencia. Al principio Inés no quiso hacerle caso, se sentía profundamente comprometida con Juan, pero Carlos no se resignaba a quedar relegado al pretérito amoroso de Inés.
Tras meses de llamadas, mensajes, reproches y súplicas, Inés decidió que de la misma manera que ella había sido generosa y comprensiva, y había sabido compartir tanto a Carlos como a Juan con sus respectivas esposas, ellos también podrían compartirla a ella; de esta manera no tendría que renunciar al cariño de aquellos dos hombres. Sería el perfecto triángulo Isósceles.
El día que les comunicó su decisión, ninguno de los dos volvió a llamarla.

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3 Agosto 2005

Recordando a Homero

Cuando Ulises regresó a Itaca...
Besó a Penélope y notó que sus labios sabían a café cargado.
Ella susurró " He esperado mucho y dormido poco. Esto me pasa por poner mi amor en un parrandero".Aunque acostumbrado ya a la dulzura del vino de Marón, Ulises apuró silenciosamente el trago de aquel paladar insomne, sin molestarse en explicar que la guerra de Troya y sus años de Odisea habían sido algo más que una parranda.

Cuando Ulises regresó a Itaca, era más un esqueleto cubierto de hombre, que un hombre cubierto de gloria. Pero que bello esqueleto.
Vestido de harapos, curtida la piel al salitre y al sol, no enetendía como aquella mujer sin edad había decidido esperarle, aún sabiendo que podía haber elegido un sucesor en el trono y en lecho: "...y así que notes que a nuestro hijo le asoma la barba, cásate con quien quieras..."

Los ojos de Penélope. Amarras en la tormenta más negra. Garfios invisibles en la frente terrible de Polifemo. Los bellos ojos de aquella mujer dorada y tenaz, tejiendo y destejiendo amaneceres. Uno mirando a la tierra, otro siempre fijo en el mar. Dos miradas y solo una. Penélope, como una ciclópe salvadora, entonando cantos de sirena, alzando la copa del encantado brebaje, ahogando la soledad y el miedo, harta de los pretendientes, vagando por las colinas de Itaca.
Las caricias que emergieron durante el encuentro, hicieron de aquel, el más ansiado de los retornos.
Ulises recuperando poco a poco el reino del tacto, zozobrando en un mar de besos, descendiendo a las profundidades sin encomendarse a nadie.
"Dame un respiro, Odiseo!", le dijo Atenea y se dio media vuelta, abandonándole por fin a su suerte.
Ulises navegando afanosamente en los brazos de su esposa, lejos ya de la protección divina.
Penélope, reina de las magas, embrujando al hombre a golpes de cadera. Urdiendo con dedos ágiles las canas de la barba del viejo marino. Acunándolo y seduciéndolo hasta dejarlo dormido sobre un lecho de algas y complicidades postergadas.

Al final, Ulises olvidando tempestades y traiciones. La sangre derramada y las desobediencias de sus marineros; recobrando la vida, ciñendo de nuevo la corona, honrando a su padre, abrazando a su hijo...
Desnudos los pies. Perdida la mirada. Cumpliendo su destino. Dormidos el arco y las flechas sobre su pétreo regazo.

Dicen que Ulises se hizo de nuevo al mar, a fundar ciudades entre los tirrenos. Y que engendró otros hijos de otras reinas.
De Penélope, nunca más se supo.

MayaBee.

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26 Julio 2005

Bancos y trankilidad

TRAKILIDAD por Mayabee

A veces me meto en la red. Me enredo a buscar, una palabra, un nombre, una imagen, un concepto.
La otra noche buscaba “tranquilidad”. La palabra. Cómo es algo que apenas he conocido en mi vida… me dio por buscar su significado. Quizás una receta. Una pista.
¿Qué es lo que encontré? La gran superficie virtual de la tranquilidad.
Seguros médicos, planes de ahorro, inversiones seguras.
Créditos. Hipotecas. Protección del hogar. Ahorros con intereses.
Toda una serie de productos (así es komo lo llaman) financieros, cuya adquisición asegura un total y absoluto estado de tranquilidad.
Y me dije: “Ilusa. No sabías ke la trankilidad se compra? Pues va a ser ke no.
Una voz salía del ordenador…. -“Disculpe señora, usted no está comprando está invirtiendo en tranquilidad, mejor todavía asegura su tranquilidad y la de los suyos….”
Apagué rápidamente. Una tropa de señores encorbatados y de familias de anuncio en chalet adosado, con perro y monovolumen, me sonreían artificialmente.
Los eche de mi cama.
No sé donde se haya la tranquilidad. No sé donde se esconde.
Para mi la tranquilidad se reduce a momentos limitados. Instantes fugaces y valiosos. No se queda. No persiste.
Llega y se va.
Seguiré intrankila, dejandome llevar en espera de ese momento mágico en el que nada te turba. Esa paz deseada que me pasará rozando mientras miró por el visor de la cámara. Mientras paseo por el campo. Mientras me fumo un buen porro.
Mientras escucho una respiración sosegada a mi lado. Un korazón latiendo. Una risa. Una puerta en la madrugada. Una voz en el teléfono.
Me bastará la trankilidad de los míos, para encontrar la mía propia?
No se ke hacer, si decirles lo mucho ke me importa su trakilidad o dejarles en paz. Cada uno con propia su percepción de las cosas imperceptibles.
También puedo recomendarles un producto de esos.
Porke puede ke yo esté ekivocada, y la trankilidad permanente exista.
Y se pueda comprar.

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Sobre mí

Soy MayaBee. Ahora mismo me estoy inventando.Cuando tenga algo os lo contaré...

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